Día del contribuyente

Los contribuyentes han decidido tener su propio día para reflexionar y ser conscientes de los impuestos que pagan. Para eso han creado el “Día del contribuyente”, una jornada de libertad fiscal donde el contribuyente gana dinero que se queda en su bolsillo, también un momento para mostrar a los gobernantes de quiénes dependen sus puestos de trabajo. 

Los austriacos celebran el 5 de agosto y dicen que destinan 216 días de trabajo para el Estado, los alemanes celebran su día el 15 de julio y mencionan que trabajan 196 días para el Estado, los ingleses celebran el 30 de mayo y mencionan que trabajan para la burocracia 149 días, mientras los estadounidenses tienen el 16 de abril y trabajan 105 días para que sus frutos sean destinados a los impuestos.

Si los ciudadanos de países prósperos exigen libertad fiscal conmemorando un día para su propio beneficio, imaginemos que pasa en países pobres e infiernos fiscales, donde la clase media y pobre sufre el incremento de los productos por causa de fuertes alícuotas, donde se sufre maltrato y burocracia por complicados formularios, ambigüedad y contradicción de normas tributarias, inseguridad jurídica, reformas legales arbitrarias que ocasionan terrorismo tributario con la consecuente quiebra de empresas que originan desempleo y remate de bienes, así, un círculo del infierno dantesco debería estar destinado para el recaudador fiscal.

En países ricos, los contribuyentes están sometidos a los tributos pero en compensación hay caminos libres para los emprendedores, flexibilidad laboral, competencia, libertad de comercio, mercados internacionales y nacionales abiertos, eliminación de barreras burocráticas, etc., aspectos que permiten obtener buenas utilidades, mientras que en países estatistas socialistas, el panorama es diferente: rigidez laboral, trabas burocráticas que impiden abrir, mantener y cerrar empresas, inseguridad jurídica, privilegios y monopolios para amigos y familiares, empresas expropiadas por dirigentes, sindicalismo duro, y por supuesto, impuestos y altas alícuotas; por eso, no es lo mismo cobrar 25 % de utilidades en países ricos que cobrar 25 % de utilidades en países pobres, la presión fiscal debe estar unida al esfuerzo fiscal, el esfuerzo para pagar impuestos de los pobres es diferente al esfuerzo que tienen los ricos para pagar el mismo monto.

Proponemos que los bolivianos tengan su propio “Día del contribuyente”. Bolivia es un infierno fiscal que ocupa el puesto 186 de 189 países en cuanto a la facilidad de pagar impuestos, según el PwC-Banco Mundial mediante el estudio =“Paying Taxes 2019”=. Se informa que un contribuyente boliviano tiene una carga impositiva de 83,7%, los alemanes tienen un 49%, los austriacos un 51,5%, los estadounidenses un 43,8%, los ingleses un 30%. Es decir, los contribuyentes bolivianos son héroes anónimos que no sólo deben tener un día de festejo, deberían erigirse estatuas en su honor en cada departamento, los emprendedores bolivianos no sólo llevan una pesada carga impositiva, además, el esfuerzo es titánico.

Los mismos gobernantes se han dado cuenta del terrorismo tributario ejercido desde la administración fiscal. Por un lado, la senadora Adriana Salvatierra está organizando talleres y una ley para las empresas =startups= donde reconoce que estas no podrán crecer en su ecosistema si las leyes tributarias siguen así. Por otro lado, el alcalde masista Mario Cronembold de Warnes promete libertad fiscal por diez años para las empresas que se asienten en territorio cruceño, promoviendo así la competencia fiscal, fomentando no sólo el crecimiento de las empresas, sino enviando un mensaje a los demás municipios, liberan de trabas burocráticas e impuestos o se quedan atrás en desarrollo.

 

Publicado en Los Tiempos, 07 de agosto de 2019.

 

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