Sexismo y lenguaje

Ignacio Bosque es un lingüista español, catedrático de filología, miembro electo de la Real Academia Española, galardonado con el Premio “Eduardo Benot” 2010 al rigor científico y lingüístico y es considerado por muchos como “el mejor gramático de la lengua española”.

 

Este experto hace un par de años desató un debate por su informe: “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, donde se reconoce que el uso genérico del masculino para designar a los dos sexos está muy asentado en nuestro idioma, solemos decir por ejemplo: “desempleado”, pero no por esto, estamos excluyendo a las “desempleadas”, pero las organizaciones feministas están empezando a promover guías de lenguaje para evitar un supuesto sexismo y discriminación.

 

Bosque llama a la sensatez en el uso del lenguaje, en lo político menciona la Constitución Política de Venezuela como ejemplo de mal uso del lenguaje por recurrir a la enumeración excesiva del masculino y el femenino en sus diferentes artículos, como también sucede en la Constitución Política de Bolivia.

 

En efecto esta Constitución, recurre a estas deformaciones hasta el hartazgo, por ejemplo dice: “la Presidenta o el Presidente y la Vicepresidenta o el Vicepresidente del Estado serán elegidas o elegidos… La Ministras y los Ministros son servidoras públicas y servidores públicos…”. En ese texto constitucional, existe una innecesaria duplicación del género de algunos sustantivos de los cargos públicos, que complican el texto mismo, además de perderse el estilo.

 

Este tipo de aberraciones constitucionales fueron incluidas como medidas demagógicas, para mostrarse como textos de avanzada, pioneros de supuestos derechos de grupos oprimidos pero liberados por mandato constitucional, aunque en los hechos esos gobiernos poco o nada realicen por el respeto de la persona, es más, paradójicamente, son lugares donde existen más violaciones a los derechos individuales.

 

Pero los hablantes no hablamos así normalmente, existen sustantivos de apariencia masculina donde están incluidas las mujeres y existen sustantivos de apariencia femenina donde están incluidos los hombres, como las palabras de apariencia femenina: “personas”, “periodistas”, “columnistas”, estas palabras incluyen a todos, ¿pero no por confundir sexo con género, los hombres vamos a sentir algún tipo de discriminación?

 

Cuando decimos “desempleado” no se nos puede calificar de sexistas, pero las feministas pretenden obligarnos a utilizar: “personas sin trabajo”, incluso la palabra “personas” aparentemente es femenino, ¿podríamos decir que nos están discriminando?. Fuera de lo políticamente correcto, en el lenguaje común no se suele decir al mismo tiempo: “Los gerentes y las gerentas revisarán las solicitudes presentadas hasta la fecha”.

 

El feminismo, ideología que se está nutriendo de marxismo, pretende ver en todas partes, no una “lucha de clases” sino una “lucha de sexos”, entonces, el varón es el explotador del sexo oprimido, debajo de la cama de toda feminista existe un falócrata que se reproduce en un supuesto lenguaje machista. Entonces, por motivos ideológicos se afecta al léxico, a la sintaxis y a la morfología.

 

Esa pretensión de rechazar toda expresión masculina destinada a abarcar los dos sexos, nos afecta, en el sentido de que ya no podremos decir “los políticos”, porque estaríamos discriminando a las mujeres, según el manual del buen hablar feminista debemos decir “la clase política”; en vez de decir: “los afectados recibirán una indemnización” se tendrá que decir: “los afectados, hombres y mujeres, recibirán una indemnización”, estamos complicándonos en el absurdo.

 

Las feministas manifiestan que el lenguaje debe visualizar a la mujer. ¿Pero hasta donde podemos fijar los límites? Por ejemplo, en el caso de nombrar animales se pregunta el filólogo: “¿Debemos entender tal vez que es correcto discriminar a las hembras en expresiones tan comunes como los perros, los gatos, los lobos o los jabalíes, o hemos de interpretar, por el contrario, que no es preciso que el género tenga aquí correspondencia con el sexo? Los que elijan esta última opción ¿habrían de argumentar tal vez que los animales no tienen dignidad, y que este es el factor que determina la visibilidad morfológica? De nuevo, ¿cuál es el límite?”.

 

El ciudadano de a píe, que “va a cenar y bailar con unos amigos”, ¿es su intención excluir a las mujeres?, ¿será un sexista?, si dice a su esposa: “voy al colegio a recoger a los chicos”, ¿no recogerá a su hija?

 

Para no ser calificados de misóginos: ¿Tendremos que escribir de manera políticamente correcta: “l@s niñ@s”, “l@s actores/as normalmente involucrad@s, los/as niños/as, los/las trabajadores/as?

 

Todas las personas somos diferentes a las demás, en diferentes aspectos, volviéndonos iguales ante la ley, y, debiendo tener igualdad de condiciones y oportunidades, sin ningún tipo de discriminación, ni discriminación positiva, por eso, es bueno llamar a la sensatez en el uso del lenguaje, más aún, que se vienen olas de reformas y nuevas leyes en diferentes países.